
No cualquiera podía ser un DJ. Tenía que ser aquel que entendiera, antes que nada, que la música que debía tocar no era necesariamente la que él quisiera escuchar. Necesitaba estar atento al ritmo de la fiesta para saber cuando poner, sin que nadie se lo pidiera, una rola calmada, un baile para parejas o un ritmo dinámico que obligara a todos a levantarse de sus asientos. Al final el DJ era de los últimos en irse, cuando el ritmo de la fiesta había decaído y todos roncaran perezosamente en los sofás o en el suelo. Y sin nadie que le diera las gracias por su esfuerzo, se alejaba por la oscuridad de las calles o con las primeras luces del alba.
Recientemente, cuando he asistido a una fiesta, cumpleaños o reunión particular, he notado algunos cambios en esta situación. Primero; la gente parece haberse olvidado definitivamente de los estereos o mini componentes y los ha sustituido con sus IPod o reproductores MP3. Los CD que se apilaban en un extremo de la mesa le han dado paso a las listas de reproducción o las tarjetas de memora. Una variante de esta situación que también he atestiguado es cuando se sustituye el estereo por una laptop con el reproductor de Windows Media, ITunes, radio por Internet o en casos más cosmopolitas, You Tube y una pantalla de plasma donde se proyecta el video que acompaña la canción.
La segunda situación que he visto es que la figura del DJ, si bien no ha desaparecido y sigue siendo figura indispensable en las fiestas, su técnica que más bien parecía un oficio de carácter artesanal y privilegio de unos cuantos, se ha convertido en algo parecido a una carrera técnica de tres años y al alcance de cualquiera. No es raro que eso pase, todos actualmente sabemos operar un IPod o una laptop y traemos música en nuestro reproductor MP3 o celular. Las funciones de random y loop ya no atan a nuestro DJ junto a la música, permitiéndole mezclarse con la gente para convivir, bailar un poco y buscar su propia botana, pero siento que a cambio de eso ha sacrificado el misticismo que lo rodeaba. Ya no es el “encargado de la música”, el que “no baila, pero pone buenas rolas”, el que “no podemos dejar de invitar porque, si no, ¿quién pone la música?”.
Curiosamente todos parecen disfrutar más esta situación, no cuestionaré eso. Y es que actualmente, auque sea por unos minutos, todos podemos experimentar esa sensación de ser quien controla la fiesta y hace girar la música con el toque de un dedo, teniendo a todos en suspenso sobre lo que uno elegirá para que siga la fiesta o para manipular la situación, buscando la canción adecuada que hará girar la cabeza de alguien más hacia la dirección correcta.
Pero creo que, finalmente, habrá algo que no cambiará: Nadie nos dará las gracias a la mañana siguiente, cuando la música enmudezca.

Últimamente estas transiciones tecnológicas han sido más aceleradas. Recuerdo que el cambio del sistema Beta al VHS tomó poco menos de una década, mientras que el cambio del DVD al Bluray podría concretarse en menos de cinco años. Entonces surge la resistencia; personas que piensan y juran que seguirán usando sus viejas cintas de audio y video y leyendo comics o libros impresos. Pero hay que ser sinceros; en mi caso puedo decir que, desde que puedo transformar mi música en MP3, grabar video directamente en DVD o una tarjeta de memoria o comprar series de televisión en DVD, no he vuelto a tocar una cinta magnética ni por error. Los comics ya los leo en la computadora mediante “readers” y ya estoy analizando que lector de libros digitales me gustaría adquirir.



